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domingo, 6 de junio de 2010

LA PIEDRA DE LA FE

21…Un altar de tierra Me haréis, y en él sacrificaréis vuestras ofrendas… 22 Y cuando Me hagáis un altar de piedras, no las labraréis, pues habréis alzado vuestra espada sobre él, profanándolo. (Itró 20)

Explican los Sabios que el primer hombre fue creado con la “tierra” del lugar del Sagrado Templo de Jersusalém.

La palabra “Adam”, hombre, proviene de la palabra “Adamá” que significa tierra, aludiendo a la humildad. Solo una persona humilde como la “tierra” acerca sus “ofrendas” al Santuario.

Pero si la persona se corrompe, “profanándose”, en lugar de “tierra” se transforma en “piedra”, siendo insensible y duro a todo lo relacionado con la santidad.

En el caso que la persona haga un altar de “piedras”, lleno de transgresiones, que fueron comparadas con las piedras que tapan el corazón, “no se puede pasar la espada sobre él”, de modo de conformar nuevas piedras.

Sino que por el contrario, se debe “deshacer las piedras”, retornando al Eterno, haciendo solo una “piedra”, tomando conciencia que el motivo de su rebeldía es uno, su falta de fe.

Como encontramos en referencia a Iaacov: 11… tomó piedras del lugar… 18… y tomó la piedra… y la puso como pilar; y vertió aceite en su cúspide (Vaietzé 28)

Explican los Sabios que al principio eran varias piedras, tornándose luego una sola piedra. Con esa única piedra hizo un “Altar”, vertiendo sobre el “aceite”.

El “aceite” hace alusión a la sabiduría, como es sabido que el aceite siempre tiende de ir hacia arriba, al igual que la sabiduría es lo más elevado de la persona.

Explica el Rebe Marash que Iaacov le muestra a sus descendientes la forma de acercarse al Eterno, tomando de todas las “piedras” que obstruyen el corazón, transformándola en un Altar de una sola piedra, retornando al Todopoderoso, y “vertiendo aceite” sobre ella, introduciendo sabiduría, como es sabido que toda trasgresión es por falta de conciencia.

De este modo la “piedras”, los pecados, se unen para que por intermedio de la Teshuva, hacer un “Altar”, anulando la piedra, para acercarse al Eterno con mucha más intensidad que antes de formar las “piedras”.

En definitiva la Torá enseña que uno no debe pecar, siendo humilde como la “tierra”, pero en el caso de que se haya pecado, y formado “piedras”, se debe saber que de ellas se puede hacer un “Altar”, transformando todo en una sola “piedra”, entendiendo que solo la falta de fe lo hizo transgredir, hasta anularla completamente, elevándola al Eterno como ofrenda.

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