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lunes, 7 de junio de 2010

COMPARTIENDO EL PAN

“Bendito eres Tú, A-do-nai, D"s nuestro, Rey del Universo, que nos has santificado con Tus preceptos y nos has ordenado sobre el “levantado” de las manos”.

La bendición que se realiza al lavarse las manos antes de ingerir pan se llama “Netilat Iadaim”, que a pesar que comúnmente se traduce como “lavado de manos” en realidad la palabra “Netilat” significa “Elevado y levantado” de las manos.

Dicho ritual fue decretado por los Sabios antes de consumir el pan, para ser comido con pureza.

La Kabala explica que el “Pan” representa a la bondad, siendo abastecido por El Eterno, para que la persona pueda vivir.

El pan es tomado con las “Manos”. Las “manos” también representan la bondad, ya que a través de ella se pueden hacer numerosos actos de bondad.

Los dedos de la mano tienen “Uñas”. El hombre en el principio de la creación había sido creado con una uña protectora que cubría todo su cuerpo, resguardándolo del exterior.

Al pecar esa uña fue sacada por El Eterno, quedando solo en las puntas de los dedos. Las “uñas” recuerdan a la persona que debe “cuidar” y “Proteger” su bondad, de modo de dar a quien verdaderamente se lo merece, y de este modo no convertir a la bondad como conducta destructiva.

Por eso se puede apreciar que las “uñas” protegen a las puntas de los dedos, pero también crecen hacia afuera, acumulándose entre la uña y la carne suciedad. De esta “suciedad” la persona debe cuidarse, ya que se adhiere a la persona, impurificando su bondad.

Como cuenta la Torá que Abraham era tan bondadoso que incluso quiso que su hijo Ishmael permanezca junto a él, a pesar de su maldad.

Es por eso que fue decretada la “Netilar Iadaim” antes de la comida, lavándolas con agua.

El “Agua” alude a la sabiduría superior y pureza. El agua es incolora y no tiene una forma limitada, amoldándose al recipiente. Del mismo modo la sabiduría divina es ilimitada, y es la que trae dirección a las emociones.

Por eso una vez que se lavan las manos se las debe “levantar” por arriba se la cabeza, aludiendo a que es la fe en El Eterno la que da dirección a la bondad, sabiendo a través de la Torá que está más allá del intelecto humano, a quien se debe dar y a quien no, que es lo que hay que dar y que no.

La “Netilat Iadaim” fue decretada por los Sabios luego de la destrucción del Sagrado Templo de Jerusalém, ya que ellos advirtieron que no reinaba la sabiduría y santidad de “Jerusalém”, debiendo la persona “purificar sus manos” dando rumbo y sentido a los sentidos.

De esta manera la persona aprende a comer su pan, sabiéndolo compartir.

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