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domingo, 11 de julio de 2010

ALIMENTANDO A LA PRINCESA

“Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su deseo no se sacia” (Eclesiastés 6, 7)

Los Sabios cuentan una parábola: Un campesino se casó con una princesa. El campesino le ofrecía a su amada esposa lo que para el era significativo. Papa, melón, sandía, etc. Evidentemente su esposa no estaba saciada, y por el contrario sufría de gran depresión, hasta que le campesino entendió que a su refinada esposa le agradaban las joyas…

Del mismo modo, el cuerpo es comparable al campesino que ofrece burdos placeres para reconfortar a su alma, la princesa, pero dichos regalos no la contentan, hasta darse cuenta de que a su “refinada esposa” le agradan otros tipos de presentes, un poco de Torá, alguna Mitzvá, etc.

La gente tiende a equivocarse pensando que hay gente mala que le va bien, y hay gente buena que le va mal. Esto es un error, ya que el resultado de obrar mal se percibe en este mundo, y el resultado de obrar bien también.

Hay grandes Tzadikim que a pesar de haber pasado situaciones difíciles siempre se los encuentran con una sonrisa. El motivo es que ellos viven en paz, y este el resultado de saber vivir.

La persona comenzará a ser feliz cuando entienda que su alma refinada se alimenta de cosas de calidad refinada.

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